Todos habéis oído o repetido la palabra “motivación” como si fuera una palabra mágica que pudiera resolverlo todo. ¿Vuestros hijos no estudian? Hace falta motivarlos. ¿No les interesa nada y se pasan el día tumbados? Están desmotivados. ¿Queréis que vuestro equipo gane? El entrenador tendrá que motivar a los jugadores. Esto, siendo verdad, no nos resuelve el problema, porque lo importante es saber cómo podemos motivarlos (o motivarnos).
Estar motivado significa tener ganas de hacer algo, estar dispuesto a movilizar la energía necesaria para conseguirlo. Tiene que ver, por lo tanto, con nuestras necesidades y deseos. Si conseguimos avivarlos, dirigirlos hacia un objeto o una acción, hemos activado la motivación. Es lo que hace, por ejemplo, un publicitario cuando mediante un anuncio quiere hacer que compremos un producto. Hace que resulte tan deseable que nos apresuremos a adquirirlo.
Eso sería imposible si no naciéramos con algunos deseos ya “de fábrica”. Conviene saber cuáles son, porque cada vez que queramos “motivar” a nuestros hijos, o “motivarnos” a nosotros mismos, tendremos que apelar a esas profundas e innatas necesidades.
Todo lo que hacemos, lo hacemos (1) porque nos proporciona algún placer, (2) porque nos granjea el amor o el reconocimiento de los demás, o (3) porque nos hacer progresar, crecer, sentirnos importantes, orgullosos de nosotros y de nuestras competencias.
Vamos a verlo con más detenimiento, y os pido que intentéis encontrar ejemplos en vuestra vida diaria. Los niños, y los adultos, hacemos muchas cosas porque nos producen satisfacción: jugar, por ejemplo. El juego es una actividad que no tiene ningún propósito, salvo pasarlo bien. Este mismo sentimiento podemos tenerlo al leer, al hacer trabajos manuales, al escuchar música, viajar o al estudiar un tema que nos interesa. A veces, la actividad es un intermediario para el bienestar, por ejemplo, cuando ganamos un buen sueldo con un trabajo que no nos gusta, pero que nos permite vivir bien. Pero todos sabemos que no es la situación ideal. Lo mismo sucede al niño que estudia sólo para que le deis un regalo (o para evitar un castigo).
Otras cosas las hacemos porque necesitamos la admiración, el reconocimiento, la amistad, el amor de otras personas. El niño, por ejemplo, quiere que sus padres o sus profesores le feliciten, necesita sentirse acogido, recibir una buena imagen de los demás, construir así su autoestima a partir de la mirada de los otros. Los adultos también necesitamos que se valore nuestro trabajo, que se reconozcan nuestros méritos. No todo se reduce al sueldo.
Por último, necesitamos sentir que progresamos. Hay un gran deseo de crecer en el niño, que no desaparece nunca. Cuando nos sentimos estancados somos desdichados. Estamos hechos para crear, para hacer cosas valiosas, para sentirnos competentes, importantes, libres, capaces, necesarios. O toleramos sentirnos insignificantes, y por eso buscamos dar un significado a nuestra vida.
Pues bien, cuando queremos motivar al niño a hacer algo, tenemos que enlazar esa actividad con alguno de estos grandes deseos. Lograrlo es la gran sabiduría educativa. El niño o el adolescente estudiará si le gusta la materia, si siente que al hacerlo aumenta su competencia, si sus resultados son admirados y elogiados, si siente el orgullo de sus padres, y si es consciente de que progresa, de que es capaz, de que domina una materia, de que hace cosas valiosas.
Estudiar no es ponerse delante del profesor o delante del libro y deglutir una materia obligatoria. Es empeñarse en alcanzar –mediante esa actividad- los grandes anhelos de nuestra naturaleza. Y ojalá supiéramos explicárselo así, hacérselo sentir así a nuestros hijos. Todos ellos deberían tener derecho a dos cosas:
- A una experiencia de aprendizaje alegre.
- A tener un éxito merecido en algo, por pequeño que fuera.
Son estas dos experiencias las que pueden lanzarle por un camino animoso. ¡Quien piensa en el esfuerzo cuando uno se siente alegre y triunfador!
Con el programa TRIBUCAN hemos querido proporcionar a vuestros hijos ambas experiencias. Nos gustaría que nos ayudarais a conseguirlo, porque será muy bueno para ellos.