Optimismo
Acaba el curso. Es momento de balance. ¿Habrán comprendido nuestros alumnos el mensaje de TRIBUCAN? ¿Lo habrán comprendido los profesores y los padres? No lo sé, por eso, una vez más, quiero resumir la esencia de nuestro proyecto. ¿Qué pretendemos mediante el fomento de la capacidad de emprender y, en especial, de emprender proyectos sociales? Fortalecer dos hábitos decisivos para el futuro de nuestros niños y adolescentes. La capacidad de enfrentarse activa, inteligente y animosamente a la vida, y de hacerlo de acuerdo con unos valores éticos universales.
En todo el mundo se impone la idea de que la educación tiene dos grandes objetivos: la instrucción y la formación del carácter. La instrucción - llevada a cabo fundamentalmente en la escuela- tiene como objetivo proporcionar a los niños los conocimientos y destrezas necesarios para vivir en la sociedad actual. La formación del carácter –que implica la colaboración de familias y escuela- se ocupa de fomentar los grandes recursos intelectuales, afectivos y morales imprescindibles para llevar una vida feliz y digna.
Uno de ellos es la capacidad de emprender, de tomar decisiones, de soportar el esfuerzo para conseguir una meta. No es de extrañar que la pedagogía más actual insista en la importancia de la educación por proyectos. Mediante ellos, dirigimos la atención, el interés, los actos del niño, y le permitimos evaluar su comportamiento. Tú estás aquí, la meta está allí, el problema está en cómo pasar de un lugar a otro. Si no fijamos con claridad los objetivos, o si el niño no los toma como suyos, sucederá lo que dice Lewis Carroll en Alicia en el país de las maravillas.
-¿Cómo puedo salir de aquí?, preguntó Alicia
- Eso depende de adonde quieras ir, respondió el gato.
- Me da lo mismo.
- Entonces no importa el camino que cojas, dijo el Gato.
En efecto, como dice un viejo adagio marinero: “No hay buen viento para quien no sabe donde va”. Ni bueno ni malo. El rumbo es quien nos permite dar sentido a nuestra acción. Y el rumbo lo fijan nuestros proyectos. Este método se está aplicando en todos los niveles educativos. En algunas guarderías los niños emplean los primeros momentos de la mañana elaborando y comentando sus planes para ese día. Hacer que el niño explique lo que está haciendo puede hacer que el niño comprenda mejor su labor. Robert Fischer, en su interesante libro Cómo mejorar la mente de su hijo, transcribe una conversación entre un adulto y un niño que está montando una construcción de bloques:
ADULTO: ¿Qué estás haciendo?
NIÑO: Estoy construyendo algo.
A.- ¿El qué?
N.- No sé.
A.- Bueno, parece un castillo…un castillo mágico. Puede que haya una princesa dentro esperando a que llegue el príncipe. ¿Es un castillo mágico, con torres y un puente levadizo?
N.- No
A.- ¡Oh! ¿Y por qué no?
N.- Por que es un garaje.
Debemos animar a los niños -y a los adolescentes, y a los adultos- a que elaboren proyectos o se fijen objetivos, porque de esa manera dan sentido a la acción, pueden seleccionar los medios, y evaluar sus progresos. Cuando los niños se plantean un objetivo, imaginan algo que aun no existe, pero que ellos pueden hacer que exista. Comienzan a considerar sus propias acciones como un medio para alcanzar un fin. Adquieren igualmente la voluntad y la habilidad para dedicarse a una tarea el tiempo suficiente para conseguir sus deseos. Según los psicólogos Merry Bullock y Paul Lütkenhaus, poner el acento en la tarea favorece “la resistencia a las distracciones, la maestría frente a los obstáculos, la rectificación de las acciones emprendidas y la detención de la actividad cuando el objetivo está alcanzado”.
Al hablar de sus proyectos, los niños reflexionan y clarifican sus intenciones. La planificación permite a los niños añadir los detalles. Además, los niños que precisan sus ideas y actúan según sus intereses, sus elecciones y su plan de acción, comprenden poco a poco que son responsables de sus decisiones y de sus acciones. Gracias a la planificación, niños y adolescentes aprenden a ser autónomos y a tener confianza en sí mismos. “Los niños que crecen sin poder realizar sus propias intenciones o sin poder emprender nada, no llegan a ser nunca independientes, responsables y autónomos”, nos dice el psicólogo Daniel Jordan.
Todos los niños necesitan saberse competentes, tener la seguridad de que pueden cambiar su futuro, y mejorar las cosas. El mundo se divide en dos grandes tribus
Pero nos importa también que sepan que tienen que saber elegir sus proyectos, para que sean compatibles con los proyectos de los demás, y para que puedan integrarse en el Gran Proyecto Humano que es una vida noble, digna y justa.
Todo esto es lo que esperamos que nuestros alumnos hayan aprendido. Pero es sólo el comienzo de una enseñanza que deberá prolongarse en el tiempo. Ahora les toca jugar a ustedes.
