Las virtudes de la acción
Los niños están en las nubes, y deben bajar a la realidad. ¿No es verdad? Sí, pero ¿a qué realidad? Freud, en una de esas afirmaciones brillantes que han hecho fortuna, sostuvo que la infancia vive sometida al principio del placer, mientras que los adultos vivimos bajo el incómodo principio de realidad. Podría haber mencionado el verso de Quevedo: “la realidad, que es mucha y mala”. Creo que Freud se equivocó. Junto al principio irreal del placer y al principio pesimista de la realidad, hay otro principio que es exclusiva humana y que nos salva: el principio de
Cuando les explico este asunto a mis alumnos más jóvenes, suelo comenzar haciéndoles una pregunta: ¿Qué es el petróleo? Si lo han estudiado ya en química suelen decirme que es un hidrocarburo, y que combustiona. Cuando les pregunto si el petróleo vuela, me dicen que no. Sin embargo, les comento, viajo mucho en aviones que vuelan gracias al petróleo, lo que les produce cierta perplejidad. Volar, en efecto, no es una propiedad real del petróleo, es una posibilidad real. La adquiere cuando la inteligencia integra su capacidad de generar energía dentro de un proyecto suyo: volar.
A continuación aplico esto a nuestra vida. Cada uno de nosotros tenemos nuestras propiedades: somos varones o hembras, guapos o feos, altos o bajos, tranquilos o nerviosos, audaces o tímidos. A partir de ahí, nuestra inteligencia tiene que encontrar nuestras posibilidades. El proyecto es la herramienta con que podemos hacerlo. Por eso, enseñar a los niños a elaborar proyectos –y a realizarlos, claro- es el punto central de una pedagogía de la posibilidad, es decir, de la creación.
Los psicólogos nos dicen que cada uno tenemos una idea de nosotros mismos. La llaman “autoconcepto”. Uno de los aspectos que más influyen en él y, en consecuencia, en nuestro modo de sentirnos y de actuar, es la idea que tenemos sobre nuestra capacidad para enfrentarnos con problemas, para llevar a cabo nuestros planes. Lo llaman “sentimiento de eficacia”. Una “pedagogía de la posibilidad” también debe ocuparse de promover en el niño este sentimiento. Todos deberíamos sentir en alguna ocasión la experiencia del éxito conseguido por el propio esfuerzo, porque de ahí nace el gran impulso para mejorar. Los educadores –padres y docentes- debemos tener la astucia necesaria para conseguir que los niños lo sientan.
Estos tres elementos de la “pedagogía de la posibilidad” –hacer proyectos, llevarlos a cabo y sentirse competentes y eficaces- son el núcleo de la experiencia TRIBUCAN. Por eso me parece tan útil y poderosa. Desarrolla las virtudes del proyectar –elegir las metas, seleccionar los medios, planificar-, y las virtudes del realizar –la responsabilidad, la constancia, la tolerancia al esfuerzo. Elegir las metas supone decidir los criterios que van a regir nuestra acción, por eso sirve para educar en valores. En el caso de TRIBUCAN, los valores de solidaridad.
Me gustaría conocer su opinión acerca de la “pedagogía de la posibilidad”. Se relaciona con otras ideas y sentimientos muy importantes: la esperanza, el optimismo, la invención. Creo que es un gran antídoto contra la depresión, porque la depresión es, sobre todo, el hundimiento de los proyectos y posibilidades. Me interesa que piensen en este tema desde su experiencia personal y profesional, porque la pedagogía de la posibilidad es importante no sólo para el éxito escolar, sino también para el éxito vital. Creo que en el futuro la educación irá por esa senda, y que por eso podemos sentirnos, sin petulancia, en vanguardia.
