El cerebro ejecutivo
Es posible que algunos o muchos lectores de este blog seáis “ejecutivos”, es decir, ocupéis un puesto en el que tenéis que elaborar proyectos, tomar decisiones, actuar, evaluar si los actos cumplen las expectativas, etc. No voy a hablar de estas actividades, sino de las estructuras cerebrales que permiten su realización, y que vuestros hijos están desarrollando a lo largo de la infancia y de la adolescencia. Como ocurre con frecuencia en educación, lo que explicamos a nuestros alumnos es también importante para sus padres.
Los animales inferiores ajustan su comportamiento mediante el ajuste de los estímulos - internos (como el hambre) o externos (proporcionados por los sentidos)- y los mecanismos de respuesta instintivos o aprendidos. En el ser humano las cosas se complican porque podemos dirigir nuestra acción no sólo a partir de estímulos, sino “anticipando el futuro”, es decir, imaginando el objetivo, proponiéndonos metas. Cuando tomamos una decisión, entregamos el control de nuestra conducta a ese “objetivo pensado”, que va a dirigir nuestra acción, y nos va a servir de criterio para saber si lo estamos haciendo bien o no. Funciona como un GPS: le indicamos el lugar donde queremos ir, y no va indicando por donde ir, de acuerdo con nuestros movimiento y nuestra situación. Pues bien, de todo esto se encarga una zona del cerebro, que se llama “lóbulo frontal”, y que está detrás de nuestra frente. ¿Por qué lo sabemos? Porque si esta zona queda dañada, el sujeto es incapaz de hacer proyectos, de tomar decisiones, o de controlar su acción.
Voy a transcribir, aunque os resulte un poco aburrido, el conjunto de funciones que los neurólogos atribuyen a los lóbulos frontales, para que así comprendáis por qué se los denomina “cerebros ejecutivos”: planificar, señalar metas, tomar decisiones, formular nuevas respuestas en un contexto nuevo, modificar las actitudes, producir e interpretar las emociones de acuerdo con la situación, adaptar las acciones al objetivo señalado, aprender de los errores cometidos, inhibir las respuestas impulsivas, poner en acción un plan, corregir y ajustar las estrategias durante la realización de la tarea.
Es evidente que estas habilidades son imprescindibles para la vida real en cualquier situación, y no sólo cuando se quiere ser profesionalmente un ejecutivo. Por eso, nos parece que deben estimularse y fomentarse en nuestros alumnos mientras se están formando. ¿Y como podemos hacerlo? Mediante entrenamiento, es decir, mediante un ejercicio repetido y dirigido. Eso es lo que hacemos en TRIBUCAN. Cada uno de los pasos que tienen que realizar los niños o adolescentes está dirigido a fortalecer alguna de esas destrezas ejecutivas.
Una actividad muy importante de este cerebro ejecutivo es lo que llamamos “metacognición”, que es la reflexión sobre nuestras estrategias mentales. Mediante preguntas podemos conseguir que el niño se explique a sí mismo lo que está haciendo, por qué, si ha previsto las consecuencias, cómo ha buscado la información, etc. La psicología nos dice que estas reflexiones mejoran mucho el aprendizaje. Por ejemplo, para que un niño resuelva bien los problemas matemáticos debemos enseñarse a que –mientras se enfrenta a ellos- se vaya haciendo preguntas y dándose instrucciones. Y los adultos, también. Da igual que tengáis que hacer un plato de cocina, una inversión financiera, o tomar una decisión en el trabajo, siempre conviene hacerse ese tipo de preguntas “metacognitivas”:¿tengo claro lo que quiero hacer? ,¿con qué medios cuento?, ¿por dónde empiezo?, ¿me habré olvidado de algo?

<p>Como padre de una chica que participa en el Proyecto Tribucan, de vez en cuando me gusta pasearme por la web del Proyecto por lo que hoy me apetece participar a raíz del articulo que he leído de José Antonio Marina. Me ha gustado mucho. Y lo cierto es que me he quedado con la “metacognición” que tan claramente explica a lo largo de las últimas líneas del texto. Muy interesante.</p>
<p>Por mi parte, y como padre que educa con ilusión (no sin dudas, no sin titubeos en determinados momentos, no sin incertezas) a sus hijos me gustaría conocer algunas sugerencias o estrategias para poder, desde la cotidianidad, desde el día a día, paso a paso, y más allá de las preguntas que se proponen ya en el último párrafo del artículo, acompañar a mi hija en este proceso de crecimiento personal, de desarrollo madurativo en la línia de lo que nos propone José Antonio Marina. Muchas gracias.</p>
<p>Y quiero aprovechar la ocasión para felicitar al equipo del Proyecto TRIBUCAN por la buena labor que están haciendo promoviendo estos aprendizajes que se comentan en el artículo y muchos más, sin duda, en nuestros hijos. Enhorabuena.</p>
Comentario por Jordi — Mayo 9, 2010
Me parece estupenda la idea del aprendizaje como “proceso permanente”, de jóvenes y de adultos. No importa la edad. Que pensemos sobre nuestra manera de pensar y tomar decisiones. A ver, si no, por qué los seres humanos cometemos tan a menudo los mismos errores. Esta crisis actual es un buen ejemplo de ello.
Quizá no es verdad que tropecemos dos veces con la misma piedra.
Comentario por Javier Lezáun — Mayo 10, 2010
Jordi, para ayudar a los padres en el día a día del proceso educativo (desde el último trimestre del embarazo hasta los 16 años), organicé hace tres años una “Universidad de Padres on-line”, en la misma linea de TRIBUCAN, para poner a disposición de los padres lo mejor que sabemos acerca de la educacón de sus hijos. Puedes verlo en www.universidaddepadres.es
Comentario por jose antonio marina — Mayo 11, 2010
Muchas gracias por la respuesta. La verdad es que el recurso propuesto a través de una formación on line me parece muy interesante.
Comentario por Jordi — Mayo 11, 2010
Estimado profesor
No había oído la palabra metacognición, pero le aseguro que lo que plantea a partir de ella está de actualidad.
En el patio de la escuela el grupo de padres que nos juntamos a veces tocamos el tema de algunos niños que están todo el día moviéndose, de acá para allá, no se centran… los hiperactivos. Yo no sé muy bien que parte del cerebro les funciona mal, si es que es eso lo que tienen. Pero está claro que estos chicos no se plantean lo que hacen, ni son capaces de reflexionar sobre lo que se necesita para hacer algo, van a un poco a tronpicones y atropellando. Lo comentamos a menudo y nos da pena. Pienso que vivimos tan deprisa, que les hemos metido ese virus en el cuerpo, frente al necesario de pensar las cosas antes de hacerlas y ser sosegado en las acciones.
Comentario por Felipe Torrano — Mayo 12, 2010
Buenas tardes señor Marina: soy una madre con un hijo adolescente y quiero expresar mi acuerdo con algunas de las afirmaciones de su artículo.
Me gusta cuando dice que lo que aprenden nuestros hijos e hijas es importante para sus familias, es indudable que nuestro interés se concreta en poder ofrecerlas “herramientas” para que puedan disfrutar de las mejores oportunidades posibles.
Me parece muy interesante la referencia a la metacognición, entendida desde mi punto de vista como una reflexión sobre los procesos a seguir para conseguir un objetivo.
En mi realidad diaria compruebo que a mi hijo le cuesta mirar más allá de su día a día, por ello la reflexión sobre: ¿qué quiero hacer?, ¿con qué medios cuento? ¿Qué proceso tengo que seguir?… en definitiva materializar un proyecto es un aprendizaje básico para su futuro.
Intentaré seguir la pista de sus interesantes aportaciones en este blog.
Un saludo,
Marian.
Comentario por Marían Otazu — Mayo 12, 2010
Felipe, una de las cosas que enseñamos a los niños “impulsivos” es que aprendan a hablarse a sí mismos. Es algo que hacemos todos y nos sirve para dirigir la acción. El método de “autoinstrucciones” suele dar buen resultado. Es una buena herramienta. Para los adolescentes, Marian, en la Universidad de Padres recomendamos que al intentar hablar del futuro no se hable del futuro que nos preocupa a nosotros (si va a tener un buen trabajo,p.e) sino del futuro que le interesa a él. Da igual que les parezca a ustedes disparatado. Lo importante es hablar sobre ello. Respecto a la reflexión, a mi me funciona muy bien con los adolescentes explicarles que es el momento de “construir su propio cerebro” de la manera adecuada, de elegir su personalidad, y que eso no lo puede hacer nadie por ellos. La idea de poder cambiar, tomar las riendas, sentirse “ejecutivo” suele encantarles.
Comentario por jose antonio marina — Mayo 12, 2010
Profesor Marina, en alguna ocasión le he oído mencionar “La Universidad de Padres”. Me gustaría saber en qué consiste y si pueden orientarme en la educación de mis dos hijos.
Enhorabuena por este proyecto tan interesante. Me gustaría que mis hijos participaran en él. Se lo voy a plantear a su turora.
Un saludo cordial,
Pilar Goñi
Comentario por Pilar Goñi — Mayo 21, 2010
Querida Pilar: Hace tres años funde la Universidad de Padres on-line. Es un programa para acompañar a los padres en todo el proceso educativo de sus hijos, desde el último trimestre del embarazo hasta los 16 años. Como verás, un proyecto muy ambicioso (casi megealómano), que está dando muy buenos resultados. Puedes informate en www.universidaddepadres.es
Comentario por jose antonio marina — Mayo 22, 2010
Meses atrás participé en un curso de didáctica de las matemáticas. Una de las teclas básicas que nos orientaron se basaba en la dinámica para resolver problemas; aludía a los procesos que debemos forzar en las aulas para prever las soluciones de un problema. Los pasos a seguir y las estrategias que se ponen en juego cuando invitamos a saber pensar y anticipar los procesos que vamos aplicar.
El aprendizaje puede comenzar preguntando ¿cómo se llama esto?, un concepto, un hecho. Sin embargo, se modifican las estrategias cognitivas si la pregunta busca ¿cómo se produce este hecho?, ¿qué relaciones o aplicaciones posee?, etc.
La clave: ¿Cómo piensa el que piensa? ¿Cómo actúa el que actúa? Un reto didáctico también con el ordenador en el aula.
Gracias por su reflexión.
Comentario por Alex Merola — Mayo 24, 2010